Psicoterapia Activa
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sábado, 12 de septiembre de 2020
domingo, 23 de agosto de 2020
sábado, 22 de agosto de 2020
EL DIÁLOGO INTERNO
EL DIÁLOGO INTERNO
El diálogo interno forma parte de una persona y de la autoestima que tendrá la misma según los resultados que obtiene tras ese diálogo interno. Cuando hablamos de diálogo interno, nos referimos a ese diálogo que se genera en el interior de uno mismo y que surge de cuestionamientos, de planteamientos y otras cuestiones que provocan que reflexionemos internamente acerca de esas cosas.
El tener un diálogo interno positivo hará que seamos personas con una buena confianza y predisposición a la hora de afrontar algún problema o situación, mientras que si hacemos lo contrario nuestra confianza será baja y afrontaremos cada problema o situación esperando lo peor o no explotando de la mejor manera el momento adecuado para lograr el éxito.
Un buen diálogo
interno llevará, como dijimos antes, a una alta autoestima,
mientras que un mal diálogo interno provocará falta de confianza en sí mismo y
sus posteriores consecuencias.
El diálogo interno cambia tu cerebro, lo que te dices a ti mismo te define
El impacto del diálogo interno en nuestra conducta y personalidad es un tema que siempre ha interesado a los psicólogos. Sabemos, no obstante, que en los últimos años abundan los libros y las publicaciones sobre autoayuda y desarrollo personal que nos animan a cuidar esta dimensión. Sin embargo, es interesante saber que el tema del discurso interno cuenta con estudios que datan de principios del siglo XX.
Fue de hecho, Lev Vygotsky, célebre psicólogo ruso,
quien se preguntó por primera vez si el cerebro usa
los mismos mecanismos cuando la persona habla en voz alta que cuando lo hace en
silencio y para sí mismo. La respuesta a esta pregunta no puede ser
más curiosa: diversos estudios nos demostraron que cuando mantenemos esas
charlas internas tan comunes se activan áreas como el giro frontal inferior
izquierdo (área de Broca) presentes también cuando nos comunicamos en voz alta.
El discurso interno es, por lo tanto, un fenómeno complejo y multifacético, tanto que deberíamos ser más conscientes sobre cómo afecta a nuestro cerebro y a nuestra salud psicológica. Un ejemplo, Charles Fernyhough psicólogo de la Universidad de Durham, en Reino Unido, nos explicó en su libro Voces Internas, que esa charla interna genera cerca de 4.000 palabras por minuto. Es decir, el diálogo interno trabaja 10 veces más rápido que el habla verbal.
Por tanto, todo lo que acontece en nuestra mente, cada idea, pensamiento,
autoinstrucción y aseveración, tiene en nosotros un impacto enorme; tanto
positiva como negativamente.
Charla interna negativa,
emociones y cerebro
John H. Krystal, editor de la revista científica Biological
Psychiatry y profesor de la Escuela de Medicina de la
Universidad de Yale, llevó a cabo un estudio donde demostrar el impacto de las
emociones en nuestro cerebro. Algo que puso en evidencia cómo el
diálogo interno negativo y persistente debilitaba múltiples estructuras
neuronales haciendo a las personas mucho más vulnerables al estrés.
Estructuras como la ínsula y la
amígdala mostraban una elevada hiperactividad. Estas áreas relacionadas
con emociones como el miedo o la atención hacia las amenazas de nuestro entorno
nos sumen en ocasiones en estados de gran desgaste psicológico. Es más, no
podemos dejar de lado que el diálogo negativo es ese sustrato que
alimenta la ansiedad y que nos sitúa menudo, en el laberinto de una depresión.
Pensamientos y salud: ¿y si nos
hablamos de manera más afectuosa?
Es necesario que tomemos conciencia de una cosa. Nuestro diálogo interno puede afectar de manera directa a nuestra salud, tanto física como psicológica. Esa charla limitante que recorta autoestimas, que apaga nuestro potencial, nuestros recursos y oportunidades, merece una mayor dedicación para cambiar su enfoque.
Debemos ser capaces de cambiar ese discurso tan nocivo. Un recurso sencillo para lograrlo es el siguiente: en lugar de hablarnos en primera persona (yo soy esto, por qué habré hecho aquello) lo ideal es empezar a dirigirnos a nosotros en segunda persona. Asumiremos el papel de ese amigo que desea lo mejor para nosotros pero que, al mismo tiempo, siempre está atento para corregir nuestros discursos mentales.
Un ejemplo de este recurso sería
el siguiente diálogo: “entiendo que estés preocupado, pero recuerda que tienes
recursos para superar esto. Ya lo has hecho otras veces, así que confía en ti. Mereces lo mejor, eres fuerte, inténtalo”.
Diálogo interno: clasificación
Los especialistas en el campo de la psicología, han clasificado en cuatro esos diálogos internos que operan como detonantes de angustia o ansiedad. Estos son: el catastrófico, el autocrítico, el victimista y el autoexigente.
El catastrófico
La ansiedad surge al
imaginar el escenario más catastrófico posible. Se anticipa a los hechos (que
seguramente no sucederán) y los magnifica. Esto da como resultado una
percepción errónea, que puede llegar a desencadenar una crisis de pánico. La
frase esencial de este tipo de diálogo interno es: “todo puede convertirse en
una tragedia cuando menos lo espero”.
El autocrítico
El autocrítico
constantemente se juzga y valora negativamente su comportamiento. Enfatiza
sus limitaciones y sus defectos. Esto lo lleva a volver ingobernable su vida.
Tiende a ser dependiente de los demás y se compara con los demás para
sentirse en desventaja. Envidia a quienes alcanzan sus metas y lo frustra ser
incapaz de alcanzar las suyas. Las frases preferidas en este tipo de diálogo interno
son: no puedo, soy incapaz, no lo merezco.
El victimista
Esta modalidad se
caracteriza por sentirse desprotegido y desesperanzado. Esto le lleva a afirmar
que su estado no tiene cura, que no hace avances en su progreso. Cree que todo
va a seguir igual y atraviesa obstáculos insalvables entre lo que desea y
él. Se lamenta de lo que son las cosas, pero no intenta cambiarlas. En el
diálogo interno victimista aparecen afirmaciones como: nadie me entiende, nadie
me valora, sufro y no les importa.
El autoexigente
En esta condición se
promueve el agotamiento y el estrés crónico en
función de la perfección. Es intolerante frente a los errores.
Además, intenta convencerse de que sus faltas obedecen a errores externos
y no a él.
Se desgasta pensando
en que no alcanzó sus objetivos por falta de dinero, estatus, etc., a
pesar de ser complaciente con todos. El autoexigente tiene un diálogo interno
como: “no es suficiente”, “no está perfecto”, “no ha salido como me hubiera
gustado”, etc.
Recobrando el control
para recobrar el
control y evitar una percepción negativa de nosotros mismos o de nuestro
contexto, que finalmente solo consigue disparar nuestro estado de ansiedad.
El verdadero cambio ocurre cuando empezamos a
detectar estos pensamientos negativos y los reemplazamos por afirmaciones
positivas. Es importante controlar nuestra respiración, relajarnos y afrontar
las situaciones con calma. De lo contrario, las actitudes pesimistas y
autodestructivas se perpetuarán.
No es fácil modificar
este tipo de reacciones frente a lo que consideramos amenazante. Pero sucede lo
mismo cuando queremos cambiar un mal hábito, como puede ser fumar o comer
chocolate en exceso. Por supuesto, cambiar un mal hábito requiere
determinación y esfuerzo, pero se consigue si ponemos suficiente empeño en
ello.
AUTOINSTUCCIONES:
En ocasiones posponemos el afrontamiento de situaciones
que resultan amenazantes por miedo a bloquearnos y/o perder el control de
nuestras acciones. Si ésto te ha ocurrido suele producir una sensación
fastidiosa de frustración una vez que la tarea ha terminado y, deja pocas ganas
de volver a afrontar la situación cuando sea necesario. En estos casos
aparecerá un impulso a huir o postergar, que se verá reforzado por la
disminución de la ansiedad que acompaña a la evitación de los problemas; aunque
a medio y largo plazo volverá dicha ansiedad acompañada de la incertidumbre,
así como una disminución de la autoeficacia y de la autoestima personal.
Existe una técnica que te puede ayudar a afrontar las
situaciones problemáticas, conservar un grado de control adecuado y aumentar la
satisfacción personal. Consiste en mantener un autodiálogo dirigido, antes,
durante y después de la situación amenazante. Si no diriges tu charla interna,
es muy probable que este autodiálogo se produzca de todas formas, pero en
términos negativos y poco eficaces. Lo
primero de todo será cambiar la actitud ante el problema e intentar ver dicha
situación como un reto y una oportunidad de aprender, en vez como un peligro o
una amenaza.
Por tanto, el objetivo va a ser: cuando tengamos que
afrontar una situación que nos produzca emociones negativas (nervios,
agobios…), utilizaremos las autoinstrucciones para guiar nuestra conducta, y
así, de esa forma, ayudarnos a afrontar la situación de la mejor manera
posible. Se trata de utilizar nuestro lenguaje interno para ayudarnos (y no
para entorpecer la forma de afrontar las situaciones).
Es importante darnos mensajes positivos durante todo
el proceso de afrontamiento o cuando necesitemos autocontrol emocional, por
ejemplo:
Acuérdate de
preguntarte a ti mismo:
“¿Qué puedo
aprender de esto?"
La respuesta quizá haga que la experiencia valga la
pena.
Podemos dividir en tres frases cualquier situación que
tengamos que afrontar: antes, durante y después de afrontar la situación.
Seguidamente vamos a presentar un resumen de cómo utilizar la técnica de
autoinstrucciones:
Fase 1ª: Cuando la emoción empieza
Antes de afrontar una situación estresante pueden
aparecer ciertas emociones anticipatorios de la situación. Cuando la emoción
empiece, la podemos utilizar como señal de aviso para poner en marcha el plan
de control. Intenta recordar, en esos momentos, cuáles son tus objetivos.
Ejemplo de autodiálogo
“Sentirme nervioso es una señal que me avisa que es
bueno que empiece a afrontar la situación”.
“¿Cuál es el objetivo en este momento? Mi objetivo es
controlar los nervios para que éstos no me jueguen una mala pasada”.
Fase 2ª. Antes y durante el afrontamiento de la situación.
Ponemos en marcha nuestro plan de control, que
consiste en guiarnos mediante comentarios positivos que hemos preparado con
anterioridad para decirnos antes y durante la situación
- Antes de afrontar la situación
“No hay motivos para preocuparse”. “Puedo relajarme”.
“Voy a respirar de forma abdominal. Esto me ayudará a tranquilizarme”.
“Este problema ya lo resolví con éxito en otra
ocasión.” “Los pensamientos negativos no me van a ayudar en nada”.
Fase 3ª Después de haber afrontado la situación
¿Cómo hacerlo?
Es muy importante elogiarse por haber afrontado la
situación (haya sido un éxito o no”).
“Lo logré.”
“La próxima vez no me agobiaré tanto”.
“Me he dado la oportunidad de aprender, aunque no me
haya salido tan bien como esperaba”
“Por lo menos lo he intentado”.
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